Austeridad vs. Crecimiento y Eurobonos.


Llevamos varios días dando vueltas al dichoso debate de la austeridad frente al crecimiento. Ayer escuchaba una tertulia en la radio y uno de los partícipes en la misma se asombraba de las estupideces que recogen los medios de comunicación acerca de este debate. Comparto su asombro.
Vaya por delante que no soy economista, pero me gusta estar informado, y los datos son los que son, y los podemos interpretar como nos de la gana, pero los resultados están ahí y salvo que nos hagamos los ciegos no podemos negar la cruda realidad.
Este gráfico (cortesía de Daniel Lacalle) refleja lo que hemos crecido en los últimos años, donde nos hemos estado endeudando de lo lindo.

Ahora algunos defienden que se fomenten las políticas de crecimiento, o lo que es lo mismo, seguir generando deuda. Deuda que no vamos a pagar nosotros, pagarán los que vengan detrás de nosotros; pero eso no parece importarnos siempre y cuando podamos mantener el ritmo de vida que llevamos. No parece importar que endeudándonos porque sí lo único que conseguimos es agravar la situación de las generaciones venideras. Carpe Diem y que pague el que venga detrás.
Estos adalides de las políticas de crecimiento, por otro lado, son unos grandísimos detractores de las políticas de austeridad. Creo que cabe hacer una matización, cuando muchos economistas, y reitero que yo no lo soy, piden una mayor austeridad no están demandando recortes en educación, sanidad, o prestaciones laborales. Lo que piden, y yo también lo hago, es una racionalización del gasto público, que se deje inmediatamente de subvencionar aquello que no merece subvención, que se deje de pagar aquello que no resulta imprescindible, que, en definitiva, se deje de despilfarrar. No nos damos cuenta de que si todos empujáramos en esa misma dirección nuestros políticos se tomarían más en serio nuestras demandas.

Ser austero no conlleva pedir que se privatice el sector público, ser austero no implica estar a favor del despido libre, ser austero no tiene nada ver con que se recorte en la enseñanza pública. Por ello considero que para nada, el gobierno de Mariano Rajoy está siendo austero, está recortando, en mi humilde opinión, de donde no debe. Y para muestra un botón, lean este interesante artículo sobre el “Mito de la austeridad” Y se darán cuenta de que poco se está haciendo.
Ser austero es privarse de caprichos, ser austero es privarse de cosas innecesarias, ser austero es no gastar lo que no se tiene. Ser austero, en definitiva, es lo que muchas familias españolas están haciendo para poder llegar a fin de mes, o para que los ahorros de toda una vida no adelgacen de una manera rápida. Y desgraciadamente ni el gobierno ni las autonomías, de momento, están siendo austeros. No están dando por todos lados, pero las transferencias del Estado han aumentado un 18.8% hasta marzo ¿austeridad? No lo creo…
Igualmente considero que fomentar políticas de crecimiento no tiene porqué ser únicamente endeudarse con fines improductivos. No obstante hay que hacer una profunda reflexión de lo mal que se ha invertido el dinero, las causas de porqué se ha invertido mal ese dinero, y poner los medios para evitar que estos casos no se repitan en el futuro. Financiar proyectos que generen riqueza y empleo en lugar de aeropuertos fantasma, estaciones de tren fantasma, y demás fantasmadas ostentosas e innecesarias sería una adecuada política de crecimiento. Debemos tener claro que endeudarnos para los próximos 50 años no es crecer, es crear una situación ficticia que va a perjudicar sensiblemente a las generaciones futuras.

Y debemos ser más serios, más rigurosos y más reflexivos. Llevo toda la mañana leyendo que Alemania, los alemanes y Merkel son el mal, que son los culpables de nuestra situación, que “chupan” los ahorros europeos y cosas como que su vida sexual no es satisfactoria por culpa de la austeridad.
Considero que no podemos pretender que Alemania y los alemanes (ellos también pagan sus impuestos, y parece que se nos ha olvidado que fueron ellos los que más aportaron a los fondos de cohesión de los que tanto se benefició España en la década de los noventa) sean los “paganinis” de los excesos que se han cometido en otros países, y me da igual que hayan sido los políticos o sus ciudadanos, yo siempre digo, que, aunque no nos guste, los políticos son el reflejo de la sociedad que dirigen. Debemos ponernos en la piel de un alemán y considerar la gracia que nos haría a nosotros pagar los excesos de los griegos, portugueses etc. Sólo hay que recordar la gracia que nos hizo contribuir al rescate griego, ¿lo recuerdan? Fue hace poco más de un año. Nosotros hemos pagado una vez, pero ¿quién paga siempre y en todo caso? Alemania.
Y es cierto, Alemania vive, principalmente, de sus exportaciones, y si nosotros flaqueamos, Alemania flaqueará; pero este argumento es pernicioso, es como querer hacerse trampas al solitario. Pongo un ejemplo: Yo soy un empresario, mi cliente no puedo pagarme porque no tiene dinero, como a mí me sobra yo se lo presto, él me paga con mi dinero y yo le vendo mi producto. Cuando mi cliente crezca, ya me lo devolverá, pero ¿Y si no crece? El ejemplo le habrá venido a más de uno a la cabeza, nos hace temblar semana sí, semana también y se llama Grecia.

Por otro lado hay que tratar de ser rigurosos, políticas de crecimiento y Eurobonos no tienen nada que ver, o al menos no deberíamos confundirlo. Todos deberíamos tener claro que la crisis actual tiene por una de sus causas, entre otras, las hipotecas subprime; los eurobonos no serían más que otra modalidad de hipotecas subprime, pero con un contenido distinto, en lugar de deuda privada nos encontramos con deuda pública. El punto de partida es similar, con las hipotecas la frase estrella era: “Las casas nunca perderán valor, al contrario, siempre subirán de precio”, con la deuda soberana es similar: “Los países siempre crecerán, antes o después pagarán”. ¿Seguro? Sólo hay que pensar en Grecia para darnos cuenta de que ello no tiene porqué pasar. La evolución de los Eurobonos sería similar a la de las hipotecas subprime, y Alemania que es un país solvente dejaría de serlo al hacerse deudor de una deuda que no es suya. Igual que bancos que estaban saneados vieron como sus balances se teñían de rojo al absorber entidades que estaban de ladrillo hasta las orejas.
Obviamente todo esto puede matizarse, pero en el fondo el resultado es el mismo, las mismas fórmulas que se utilizaron para atajar la crisis hipotecaria no pueden utilizarse para atajar la crisis de deuda pública. Salvo, claro está, que queramos que el resultado sea el mismo, en ese caso adelante, que se emitan eurobonos y prolonguemos la crisis hasta que nuestros nietos cumplan 90 años. Soy rotundo en mis afirmaciones, pero sólo hay que contrastar los datos, sólo hay que acudir a la información que brinda Eurostat y ver como han ido las cosas, algo hemos hecho mal, repetirlo es absurdo.

También he leído acerca de la emisión de billetes, aumentar la inflación de forma controlada y otras fórmulas de ingeniería financiera. Como dije antes no soy economista, pero recuerdo que cuando era pequeño que uno de los problemas más grandes que padecía España era el de la inflación. Dudo que esa sea la solución, pero ¿quién sabe?, yo desde luego no soy quien para afirmar una cosa así con rotundidad. No obstante, uno de los autores de esta propuesta es el controvertido Krugman, y éste tiene tantos seguidores como detractores. Krugman fue el que propuso sustituir la burbuja tecnológica por la inmobiliaria, y miren donde estamos ahora. Ciertamente no soy partidario de las propuestas de Krugman, por muy premio Nobel que sea; cabe recordar que hay otros premios Nobel, no tan mediáticos que propugnan cosas muy diferentes a las que él defiende, ¿por qué no se les da tanto bombo? Creo que es una pregunta que algunos de sus fervientes seguidores deberían hacerse más a menudo.

Por último, considero absurdo pensar que las políticas de austeridad son de derechas y las de crecimiento de izquierdas. Esta consideración viene a raíz de la reciente elección de Hollande y el que algunos lo hayan considerado el salvador de Europa. Por esa regla de tres podríamos concluir que endeudarse mucho y crecer poco es de izquierdas y que crecer endeudándose poco es de derechas. Y ni lo uno ni lo otro, si quieren les doy un ejemplo: Sarkozy. Pero, ¿qué vende más papel y genera más audiencia? El sensacionalismo estúpido que se da todos los días en los medios de comunicación y que una gran parte de nosotros toma como verdad absoluta. Ayer leía en twitter “Cuando la prosperidad nos arropa no reflexionamos: ¿para qué, si todo nos va a pedir de boca? Cuando estamos en crisis, no hay tiempo.” Reflexionemos y actuemos después de haber reflexionado, sólo entonces cabrá esperar un resultado meditado y ponderado.

Mi reflexión es esta: austeridad y crecimiento no son incompatibles, pero deben entenderse en sentido riguroso, y no en un sentido laxo o tergiversado. Austeridad no es recorte de los servicios básicos, si no de aquellos que son superfluos, en España muchos tenemos claro de donde se debe recortar antes de meter mano en sanidad, educación o servicios sociales, nuestro gobierno de momento parece que no lo tiene claro, o si lo tiene no se atreve.
Políticas de crecimiento no es más deuda para mantener el nivel de vida que hemos mantenido a costa de las generaciones futuras. Y éstas son las que más deben preocuparnos; yo pertenezco a una generación que ha vivido muy bien, y me gustaría que mis hijos vivieran igual de bien que yo; si es posible mejor, pero no a toda costa, no a un precio que no puedo pagar, porque si yo no lo puedo pagar tengo muy claro que serán ellos los que lo tendrán que pagar, y eso implica que ya no vivirán tan bien como yo. Nacerán debiendo, yo nací recibiendo.

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Reflexiones sobre la Justicia y el Derecho (I)


En el post que más visitas ha recibido este blog hablaba de un concepto algo abstracto: La justicia “social”. He de precisar que, strictu sensu, la justicia social, como me recordó algún compañero de carrera, hace referencia a la jurisdicción laboral. Derecho social y derecho de los trabajadores son sinónimos. También se alude a la vertiente social del derecho como aquella que se ocupa de las cuestiones más estrictamente sociales, términos como “Seguridad Social” no son aleatorios, aunque pueda parecerlo.

Obviamente cuando yo aludía a la justicia “social” estaba haciendo referencia a otra cosa bien distinta. Muchas preguntas me hicieron entonces acerca de la justicia, así que este va a ser el primero, y espero que no el último, de una serie de post donde tengo intención de reflexionar, sin ser exhaustivo en todas mis afirmaciones, sobre la Justicia y el Derecho. 

Todos tenemos una idea de lo que debe ser la justicia, pero cuando nos preguntan que definamos lo que es la justicia difícilmente se puede hacer sin aludir a lo justo o a lo injusto. Lo más fácil para explicar lo que es justicia es referir un supuesto de hecho y calificarlo como justo o injusto.
En algunos casos es muy fácil determinar cuando un hecho es justo o injusto, pues la visión de las personas acerca de un mismo hecho es idéntica. Sin embargo, no ocurre así con todo. Cuanto más complejo es un hecho, más complejo resulta determinar si es justo o no.

Un caso que me llamó mucho la atención en la carrera fue el de los juicios de Nüremberg. Hasta que llegué a la carrera nunca me había planteado sí las condenas que dictaba aquel tribunal eran justas o injustas. Para mí era una obviedad que aquellos que habían protagonizado y dirigido la mayor masacre de la humanidad pagaran sus crímenes y que eso era justo.
No obstante, el hecho de que algo parezca a priori parezca justo no significa que lo sea. La justicia debe entenderse como una suma de principios, o de garantías, para asegurarnos que aquellos que creemos justo, realmente lo sea. Una de estas garantías es el derecho a un juez imparcial. ¿Qué juez podía ser imparcial después de la II Guerra Mundial? Probablemente más de uno, pero difícilmente uno que perteneciera al bando aliado; puede que lo fuera, pero formalmente es un dato llamativo. En la grandísima película Vencedores o Vencidos se revela esta contradicción en algunos pasajes de la misma.

Partiendo de este supuesto de hecho, en el que espero haberos revelado que en el mundo del derecho no hay blanco y negro, cabe preguntarnos: ¿Justicia y derecho coinciden? La mayoría imagino que inmediatamente contestará: No.
Y esa es la realidad. Pero la respuesta no debe ser tan taxativa. No siempre, es en mi opinión, la respuesta adecuada.

Siempre he tenido la manía de hacer una comparación un tanto atrevida, para mí el derecho es a la sociedad lo que la medicina al cuerpo humano. Me explico. La medicina es la ciencia dedicada al estudio de la vida, la salud, las enfermedades y la muerte del ser humano. Mientras que el derecho, en mi opinión, no es un mero conjunto normativo. Obviamente es un conjunto normativo por el que se rige una sociedad, pero al igual que la propia sociedad es una realidad viva y que trata de responder a las necesidades de la misma buscando promover la justicia, esto es la salud.
Mi comparación con el campo de la medicina viene a cuento de que en el derecho, al igual que en la medicina, hay conflictos (enfermedades) para las que no hay solución, o para las que aún no se ha encontrado la respuesta (la cura). No obstante el jurista (los investigadores del mundo del derecho, que los hay) busca el remedio para solucionarlo. Y aquí al igual que en la medicina caben distintas respuestas a una misma solución. Puede promulgarse una nueva ley, puede recurrirse a las ya existentes dándoles una interpretación distinta, puede recurrirse a sentencias dictadas con anterioridad para un supuesto de hecho idéntico…
Podría dar más analogías y numerosísimas diferencias, pero puede que aborde esta cuestión en otro post, ahora voy a volver a la justicia.

¿Es justo que alguien que después de violar a una discapacitada intelectual, de atropellarla siete veces, y quemarla viva, quede libre después de cumplir una condena de 4 años? La respuesta es muy sencilla. El problema del derecho es que no puede centrarse en regular los casos concretos, y un problema mayor aún es que es incapaz de prever hasta donde es capaz de llegar la crueldad del hombre. Antes del caso de Sandra Palo difícilmente era imaginable que un menor, de 14 años de edad, pudiera protagonizar un crimen tan horripilante.
Ante actos tan improbables el derecho queda sin respuesta y se produce una injusticia en toda regla. Son las denominadas lagunas del ordenamiento jurídico, casos para los cuales no hay respuesta, o la hay pero no es una respuesta adecuada.
Ocho años después, que un menor de edad sea capaz de cometer un asesinato no parece tan descabellado, y la realidad jurídica trata de responder a la realidad social, pero debemos tener presente una cosa, la realidad social siempre irá por delante de la realidad jurídica y siempre se producirán casos análogos al de Sandra Palo. La culpa de que se produzcan injusticias, en estos casos, no es del derecho, sino del hombre que trata de saltárselo.

¿Es justo que el ex-Presidente de la Generalidat Valenciana sea declarado no culpable después de que los medios de comunicación nos hicieran creer que era culpable de un delito de cohecho impropio? En este caso algunos tendrán la respuesta muy clara, otros dirán que mi pregunta es capciosa, y otros dirán que le deberían haber condenado por otra cosa y no por tres trajes absurdos. A estos últimos les diría que estoy de acuerdo con ellos. Y al igual que a él a más de uno, pero esto es harina de otro costal.
El caso de Camps es más turbio (que no complejo desde el prisma de la justicia, el cual es el que estamos abordando), mucho más, que el de Sandra Palo. Muchos han dado por hecho cosas que en realidad ignoran. Para que un juicio pueda ser justo requiere partir de un hecho cierto, de ahí las pruebas que se presentan en todo proceso. La prueba tiene el objeto de determinar la certeza del hecho en cuestión, y una vez determinado el mismo es en base a él cuando se puede emitir el juicio.
Todo el mundo considerará una aberración y algo propio de una dictadura el hecho de que condenen a prisión a una persona en base a la declaración de una sola persona, o incluso de dos ¿o no? ¿O sólo nos parece una aberración cuando no nos han hecho creer que una persona es culpable?

Y ¿qué ocurre cuando hay indicios pero éstos no son suficientes para condenar? En materia de pruebas podemos considerar que el caso Camps y el del Marta del Castillo son similares. La mayoría de la sociedad tiene la impresión de que con certeza sabe quien es el culpable y exige justicia. Pero cuando se exige justicia se exige también un juicio justo y esto conlleva una serie de garantías. Que no se haya condenado a Camps, o que no hayan sido condenadas más personas que parecían culpables en el caso de Marta del Castillo no es capricho de un juez, o de un grupo de jueces, por mucho que a más de uno les de por decir otra cosa. El hecho de que no sea un capricho encuentra su explicación en el denominado “in dubio pro reo”, en caso de duda se absuelve al imputado. ¿Por qué? Pues en Roma, hace un par de miles de años, se dieron cuenta de que es preferible que una persona sea declarada no culpable a que se le condene injustamente. Este argumento que se utiliza por aquellos que están en contra de la pena de muerte, a menudo se olvida cuando las condenas sólo son privativas de libertad. No debemos olvidar que la libertad es uno de los derechos fundamentales que consagra cualquier constitución democrática, y los reparos en limitarlo deben ser iguales que los que ponemos al limitar el derecho a la vida.

La denuncia que muchas personas me han hecho llegar es que este sistema tan garantista permite que los criminales queden libres. Es posible, pero esa denuncia parte de una presunción que es contraria a la idea de justicia. Esta presunción no es otra que considerar que estamos ante unos criminales, cuando, y éste es otro principio fundamental de todo Estado de Derecho, todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario. ¿A quién le parece justo que una persona sea condenada a pasar 20 años en prisión en base a que parece culpable? Todos conocemos, no sólo por las películas, casos en que han sido condenados personas inocentes, aún teniendo un sistema tan garantista como el que tenemos, ¿Nos hemos parado a pensar que ocurriría si fuera menos garantista? Yo os daré la respuesta, que el número de condenas injustas sería mucho mayor.

Lo que ocurre es que cuando se pierde la objetividad, cuando la indignación se apodera de nosotros y consideramos que estamos en posesión de la verdad absoluta, quedamos tan cegados que estamos dispuestos a perder garantías en aras de lo que en principio nos parece algo de toda justicia.
Y aquí viene a colación el último de los casos que voy a citar. El del juez Garzón. No voy a hablar sobre la sentencia, puesto que ya la comenté en su día. Voy a hablar del hecho que llamó poderosamente mi atención. Tras la condena al juez Garzón una encuesta que publicaba el País reflejaba que una considerable mayoría de personas estaban dispuestas a ver reducidas esas garantías de las que hablaba. En particular que un juez pueda mandar grabar las conversaciones entre el abogado y su cliente. Y aquí entramos en otro de los principios que acompañan a la idea de justicia, el derecho a la defensa y a un juicio justo.
Pero como no quiero alargarme, dejaré este tema junto con el de la independencia, la seguridad jurídica, la legalidad, la irretroactividad de las disposiciones sancionadoras no favorables o restrictivas de derechos individuales, la responsabilidad y la interdicción de la arbitrariedad de los poderes públicos para otras reflexiones sobre la justicia.

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No te rindas


No te rindas, aun estas a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,
liberar el lastre, retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frio queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda y se calle el viento,
aun hay fuego en tu alma,
aun hay vida en tus sueños,
porque la vida es tuya y tuyo también el deseo,
porque lo has querido y porque te quiero.

Porque existe el vino y el amor, es cierto,
porque no hay heridas que no cure el tiempo,
abrir las puertas quitar los cerrojos,                                                                                                  abandonar las murallas que te protegieron.

Vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa, ensayar el canto,
bajar la guardia y extender las manos,
desplegar las alas e intentar de nuevo,
celebrar la vida y retomar los cielos,

No te rindas por favor no cedas,
aunque el frio queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aun hay fuego en tu alma,
aun hay vida en tus sueños,
porque cada día es un comienzo,
porque esta es la hora y el mejor momento,
porque no estas sola,
porque yo te quiero.

Mario Benedetti.

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El aborto no es un derecho.


Se ha vuelto a abrir el debate del aborto, una vez más. En esta ocasión con motivo de la más que posible derogación de la polémica ley 2/2010 aprobada por el gobierno socialista y la nueva regulación que pretende llevar a cabo el actual gobierno del Partido Popular.
El debate es viejo y en un post que escribí hace casi un año hablaba de porqué la citada ley es, a mi juicio, inconstitucional, porqué el aborto es un delito y porqué en ningún caso constituye un derecho.

Hoy quiero volver a reafirmarme en lo que dije entonces. Simplemente voy a plantear unas preguntas, de su respuesta lógica me parece que todos llegaréis a la misma conclusión que llego yo. Quede clara una cosa, todas las preguntas se refieren a una mujer que vive en España.
¿Una mujer, como regla general, puede evitar quedarse embarazada? ¿Tiene una mujer, entrado el Siglo XXI, a su disposición medios suficientes para prevenir un embarazo no deseado? ¿Es una mujer libre para quedarse o no quedarse embarazada cuando ella decida? ¿Hay casos donde se obligue a las mujeres a quedarse embarazadas? Salvo supuestos muy muy excepcionales, la respuesta a todas estas preguntas nos conduce a la misma conclusión. La mujer tiene un derecho absoluto sobre su propio cuerpo y lo que hace con él. Nadie puede discutir eso.
Esto sentado pasamos a la segunda tanda de preguntas, en este caso nos centramos en la mujer embarazada.
Si una mujer está embarazada y el embarazo se desarrolla con normalidad ¿qué ocurre a los nueve meses? Si una pareja, o dos desconocidos que se han pegado un revolcón consideran que el resultado de una noche de pasión no debe “arruinarles” la vida que habían llevado hasta entonces por haber olvidado adoptar medidas preventivas ¿sólo tienen la opción de que la mujer aborte para evitarlo?
¿Quién debe gozar de mayor libertad, una mujer que se ha quedado embarazada libremente o el ser humano que dará a luz si deja que transcurran nueves meses desde que consumó su relación sexual? ¿Qué es más digno de protección, la futura vida de alguien o la voluntad de una persona que ha tenido conciencia suficiente para tener una relación sexual consentida? 

Estas cuestiones están pensando en la generalidad de las mujeres que quieren abortar, no en el reducido número de casos excepcionales que pueden darse y que no desconozco. La legislación aprobada por el gobierno de Zapatero, puede que no tuviera esa intención (a la vista de su redacción lo dudo mucho), pero estableció un mecanismo perverso que ha convertido el aborto en algo libre, cuando, a la vista de los intereses jurídicos protegidos que colisionan, es de las cosas más injustas que pueden permitirse.

Se ha perdido, y se sigue perdiendo, la noción de la protección a la vida humana dependiente. Se nos llena la cabeza con ideas como que el aborto es un derecho de la mujer, que la mujer tiene derecho a decidir sobre su propio cuerpo etc. Y en realidad, se mire como se mire, se trata de un atentado contra un ser vivo dependiente, es la mayor aberración que nadie puede cometer. Me opongo rotundamente a que se diga que el aborto es un derecho. Atentar contra la vida, contra el derecho más básico que tiene cualquier persona, nunca puede constituir un derecho. Argumentos torticeros y cínicos como el de que “no se es persona hasta que se nace” son una afrenta a la inteligencia y al sentido común, máxime cuando todo el mundo sabe que ese nasciturus, ese feto, será persona si nadie ni nada lo impide.
Y mi postura contra el aborto nada tiene que ver con los derechos de la mujer. Siempre defenderé los derechos de la mujer y lucharé porque se reconozcan adecuadamente y más si está embarazada. Es paradójico que se defienda el derecho de la mujer a abortar y al mismo tiempo se reivindiquen mayores derechos para la mujer embarazada. Esta postura tan particular he tenido ocasión de leerla en algún que otro lugar.
No así en el manifiesto del PSOE con motivo del 8 de marzo. Probablemente se habrán parado a pensar que el motivo de que una mujer embarazada deba tener mayores derechos que una que no lo está es precisamente porque lleva un ser humano en su interior, y en este caso no sólo se protege a la mujer, sino que también se protege al feto. Por ello en el citado manifiesto evitan hablar de la mujer trabajadora embarazada, omitiendo que a ella la reforma laboral también le recorta derechos.
Es lamentable que en pleno siglo XXI los que presumen de luchar por los derechos de los desfavorecidos, de los indefensos, de los más débiles sean incapaces de reconocer que el más indefenso de todos es el concebido pero no nacido. Sin duda es una mentalidad egoísta la que conduce a considerar una vida futura como un problema y no como una posible solución a nuestros males. Una mentalidad egoísta, individualista y hedonista que prefiere optar por el camino supuestamente más fácil; y digo supuestamente porque muchas veces para la madre que no llega a serlo resulta una auténtica tortura psicológica el haber llevado a cabo el atentado que todo aborto supone.
Da para mucho el tema del aborto, el problema es que no debería generar debate alguno. El hecho de que el aborto genere un debate como el que genera es el síntoma más claro de que nuestra sociedad está enferma.

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